
Los mantras reversibles son una putada.
Si para dejar de fumar utilicé un fantástico "Sí, tengo ganas, pero no lo voy a hacer", el mismo me está sirviendo ahora para aplazar la decisión de volver a dejar de fumar.
Que sí, que fumar es muy malo, pero sobretodo muy sucio. Sales de casa duchadita, te has aplicado un gommage de albaricoque que combina con tu gel de azahar, champú de flores del paraíso y crema hidratante compañera de tu perfumazo a la última. No contenta, te vistes con la ropita aun poseedora de esa fragancia a suavizante y esa frescura oceánica del ambientador de armarios. Deberías oler a gloria, cojones! Pues no. Te has fumado el primero y llegas a trabajar apestando a antro nocturno. Como si hubieras metido un vómito en el cajoncito del suavizante.
Además intenta besar a alguien que no sea fumador -da igual, un chicle o un karcherazo bucal, se nota- lo matas de asco!
El pelo atufa, la piel engrisece, tus pulmones dicen NO a correr por el parque.
Pero, como le dije a un amigo, los bohemios somos así. Autodestructivos. Así que sí, por supuesto que tengo ganas de dejarlo. Pero no lo haré. Y menos después de ver I love NY, que parece que fumar en las aceras de los restaurantes sea condición sine qua non para conocer gente interesante. Cortázar fumaba!
Voy a ver en qué acaba esta espiral de mugre, gasto y placer indescriptible de primera calada ante folio en blanco.
Vivan los mantras! Viva Mimosín! Suerte que no tengo acceso a la heroína!
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