martes, 3 de enero de 2017

Sueño cada dos o tres años.

Creo que nunca he comentado que estuve en Dean Funes. Pasé unos días maravillosos siendo transferida de mi novio a la familia de la mujer de su hermano. Nunca he hablado de Astrid y Charlie. Y se merecen un aparte. Me acogieron con tanto amor, salimos a pasear en camioneta con sus maravillosos hijos. Ramiro era el pequeño, las chicas, tan buenas, por qué no hice fotos. Me explicaron sus siembras, descubrimos un hotel perdido en el monte, La luna, creo, algo lunar, qué exquisitos fueron. No sé cómo llegué allí, pero puede que en autobús. Cerca había un convento cartujano. Cuántos días estuve con esa familia, no sé nada. Sólo que me quisieron y yo los quiero y no hay manera de que lo sepan.
Nunca he hablado de Silvia y Ernesto y cómo me venían a buscar para pasear y me proponían visitas culturales que sabían que me iban a gustar. Quizá no tenían ganas ningunas, pero siempre eran amables y dispuestos a pasear. Silvia hacía alguna comida buena que me gustaba cuando iba a su casa. Me acabo de acordar de la mesa del comedor dispuesta para tanta gente. Y probábamos su gazpacho y nos reíamos. Me sentaba en ese sofá pequeño donde detrás suena el teléfono y alguien se va, urgencia, y leía los libros que Silvia y Ernesto ponían en mis manos.
No sé si he mencionado a Natalia. Organizó un viaje increíble al norte. Nunca le di nada que estuviera a la altura de lo buena que fue conmigo. Vi cómo su historia se derrumbaba y no estuve ahí. Ella nos acogió en su casa de una forma que nunca le voy a poder agradecer. Córdoba es ella. Espero que sea todo lo feliz que no fue aquí.
Eduardo. Esto me trajo a Eduardo. Cuando nos conozcamos nos vamos a querer mucho. Y a Cafferata. Qué conversaciones.

Esa historia fue. Pero todo lo que la acompañó está vivo y seguirá siendo. Hubo una época de mi vida que la viví cruzando el océano. Olíamos a Chanel Allure Sport y a Lacoste Woman y escuchábamos a Bebe. Es importante a qué olíamos porque en el aeropuerto nos rociábamos la manga con el perfume ajeno y así nos acompañábamos un trozo. Me dejó muchas más cosas que el no haberme atrevido. Así que todo bien. Todas estas personas bien. Cosas bien.

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