
Y nevó tanto que no pude hacer nada.
No hubo sol sobre mis recuerdos. Pero aquella nevada, alarmante, inesperada, ruidosa, me recordó a otras y me dejó exhausta en el rincón que escogí para alejarme. Rodeado de ventanas y almohadones, estufa, leña, silencio de pueblo perdido. Ni siquiera hubo Jäger hasta el segundo día.
En mi próxima vida abandono la idea de ser Beatrice para ser una feliz ameba, cómo era la canción, with no alarms and no surprises, please. Perfecta.
Pero el chispazo llegó, previsible como en mis temores.
Y vuelvo con varias determinaciones nuevas. Y asombrosamente potentes para alguien tan laissez-faire, debo añadir.
Tengo que entregar nuevo material. Y la fecha es Abril. No es disculpable, no es interrumpible, Abril y punto.
He colgado listas en la pared con lo que tengo y lo que no, material por rehacer, palabras que llevarán a historias, con un horario esclavo y espartano que se ríe de la inspiración y pretende tenerme en estado de alpha desde que salga el sol.
He abandonado planes de vida perfectos porque escribir no tenía cabida en ellos. Y si supiera que estrellando mi cabeza contra la pared se iba a acabar este tormento, juro que lo haría. Lang Lang quiso cortarse las manos para no poder tocar más. Salvando las distancias, lo entiendo perfectamente. ¡No se puede soportar!
Se vienen días de trueno.
Pero Lang Lang siguió tocando, no me queda otra.
Que no parezca derrotista. (Y aquí EDITO. El blog es mío, qué le vamos a hacer).
Sí, que lo parezca. Tanto si lo haces como si no, tiene sabor a derrota. Y a veces dan ganas de gritar. Cosas tipo mierda o quédate. Pero si yo fuera también huía.
No sé si se entiende. Por qué es una mierda. Porque no te queda otra que trabajar con lo que tienes, con lo que has visto, con lo que has conseguido y lo que te ha sido negado, regalarte con los días de sol aquellos, sacar el polvo a matices que te hacen reir, a sonrisas que mejor era si no volvían, meter la cabeza en el baúl de tus horrores privados y rescatar aquella sensación que quisieras muerta, aquel olvido, bofetones de la vida, sensaciones que no, el dolor reciente y convenientemente oculto, el amor, el desamor. A rebozarte. Y luego cómete la vuelta, que para escribir un parágrafo de mierda te has hecho un arañazo en el alma de palmo y mitad. Profundidad, no longitud.
"Qué bonito es escribir, para mí es como una terapia" ¡Mis cojones! Terapia es lo que necesitas después.
Bueno, que alguien me vaya averiguando lo de la cabeza y el muro, pues.
No sé si se entiende. Por qué es una mierda. Porque no te queda otra que trabajar con lo que tienes, con lo que has visto, con lo que has conseguido y lo que te ha sido negado, regalarte con los días de sol aquellos, sacar el polvo a matices que te hacen reir, a sonrisas que mejor era si no volvían, meter la cabeza en el baúl de tus horrores privados y rescatar aquella sensación que quisieras muerta, aquel olvido, bofetones de la vida, sensaciones que no, el dolor reciente y convenientemente oculto, el amor, el desamor. A rebozarte. Y luego cómete la vuelta, que para escribir un parágrafo de mierda te has hecho un arañazo en el alma de palmo y mitad. Profundidad, no longitud.
"Qué bonito es escribir, para mí es como una terapia" ¡Mis cojones! Terapia es lo que necesitas después.
Bueno, que alguien me vaya averiguando lo de la cabeza y el muro, pues.
En mi próxima vida abandono la idea de ser Beatrice para ser una feliz ameba, cómo era la canción, with no alarms and no surprises, please. Perfecta.
Un colega me ha pasado estas consignas que debo pegar a modo de mantras debajo de mi horario:
. si escribes de noche, la mañana se jode. Cumple el horario.
. si no te mola, te jodes. Ya te molará.
. Y si no, te jodes igual. Es un curro.
Qué días se me vienen, amiguitos...













